viernes

Caras, caras, caras. Infinidad de caras. Graciosas expresiones sin sentido invaden tu mente, tu ser, tu maldita forma de ser. Y ahora, tus sentimientos eran azules y tus labios pálidos, como el fruto de tu vientre. Mirabas con desprecio, con emoción a tu alrededor, buscando descaradamente la solución a tus problemas.
Alcanzaste el borde del abismo y gemiste:
"¿Quién te necesita falsedad?
¿Quién te recita soledad?
¿Quién te limita libertad?"
Lloraste en seco una vez más.

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